domingo , 18 noviembre 2018
Santuario Niño de Atocha
Niño de Atocha

Santuario Niño de Atocha

Muy reconocido y visitado por muchas personas del pueblo de Coatepeque y de muchos otros lugares vecinos, es el “Santuario del Niño de Atocha” donde se venera la imagen, la cual ha hecho de este pueblo un verdadero símbolo  y ejemplo de religiosidad cristiana.

El “santo niño “, como es llamado por los habitantes coatepecanos, no hace mucho tiempo que llegó al lugar; fue casi a mediados de siglo XX. Por esta razón el historial que se tiene, es bastante aceptado por los habitantes, por no ser mucho el tiempo en que la imagen llegó al lugar.

Las pocas personas que fueron testigos de esto, relatan la historia como un verdadero “milagro”, y lo explican de la manera siguiente: “la devoción del Niño de Atocha de Caña Brava”, como lo llaman en Coatepeque,  es bastante profunda y aunque data del siglo pasado, ha alcanzado ha tener muchos fieles y devotos desde los primeros días en que llegó.

Se dice que quien -según las tradiciones- llevó la estampa del Santo Niño de Atocha a Coatepeque, fue doña Jacinta Dueñas, quien acostumbraba a visitar al Señor de Esquipulas, en Guatemala, y el viaje lo hacía a pie como un sacrificio ofrecido por los favores recibidos del “Cristo Negro”. A estos viajes siempre llevaba a su hijo, y un año en que como siempre hizo la  visita, vio allí en Esquipulas la estampa del Niño de Atocha; le gustó mucho y sintiéndose atraída por aquella imagen, la compró.

Cuando venían de regreso a Coatepeque, ya retrasados unos días más de lo planeado, casi se les había terminado el dinero. Al pasar por Metapán se hospedaron en un rancho, pero al día siguiente, cuando iban a pagar, el dinero no les alcanzó. Con mucho sentimiento, doña Jacinta tuvo que ajustar la cuenta del hospedaje con la estampa del Niño de Atocha; y así, emprendieron el viaje nuevamente. Habían caminado ya un buen trecho cuando de pronto, doña Jacinta vio la estampa en la cabecera de su hijo y asombrada, le preguntó porque se la había traído. El hijo le respondió que él no la había tomado.

La cogió nuevamente y decidió volver al lugar donde se habían hospedado. Cuando habían caminado largo rato, después de regresarla, la señora volvió a ver la estampa en la cabecera de su hijo y entonces, ya no dudaron que era un milagro. Ambos se arrodillaron ante la imagen, y la señora prometió al Niño de Atocha, celebrarle sus fiestas cada año en el Cantón Caña Brava.

Como lo prometió, la señora Jacinta celebraba los días de festividad del “Niño” en su casa, donde era muy visitado y reconocido por los vecinos y demás habitantes de las cercanías.

Esta celebración se hizo muy famosa, y en muy poco tiempo fue plenamente reconocida por los habitantes y fieles coatepecanos.

Anualmente se celebraba la fiesta del Niño en Caña Brava y se siguió haciendo hasta que la señora Jacinta murió en 1929.

La celebración siguió vigente por medio del hijo de doña Jacinta Dueñas, él que por mucho tiempo continúo con la celebración para que no fuera olvidada. En vista de pocos recursos y ya casi desaparecida la tradición, un sacerdote le pidió al hijo de la señora Dueñas que le entregara la estampa del “Niño” para venerarle en Coatepeque. Desde esos días se fue construyendo la iglesia que ahora ocupa.  Este lugar se ha convertido en un centro religioso importante, donde acuden todos los católicos de muchos lugares de la república durante todo el año, debido a la fama que tienen los milagros del “Santo Niño de Atocha”.

Fue a principios de 1939 cuando se comenzó a dar inicio a la construcción del Santuario del “Niño de Atocha” en Coatepeque, por el entonces párroco de la localidad Jenaro Godoy M.

Los trabajos fueron concluidos en 1947, lo cual indica que se tardaron 8 años en construirla. Se eleva a un lado de la carretera panamericana; es pequeña, de sistema mixto-ladrillo, cemento, hierro, el techo de teja. Tiene un solo altar en el lugar principal, donde se encuentra el cuadro del Niño de Atocha de Caña Brava.

La ornamentación consiste en macetas, flores y decoraciones de material plástico; en los espacios de ambos lados de la nave céntrica, se aglomeran todas las “gratitudes” ilustradas a veces con dibujos y pinturas que los fieles elevan a sano para darle las gracias por el milagro recibido.

También ofrecen cuerpos o miembros de cera, madera, lata u otros metales, fotografías de la persona beneficiada, etc. Últimamente parece que prefieren obsequiar al Santo Niño con flores, juguetes y adornos de material plástico. Fuera de la iglesia existe un pequeño espacio donde se encuentran ramadas improvisadas para la venta de reliquias, gratitudes y recuerdos que los peregrinos compran al visitar el santuario.

Es así como este santuario está formado, el cual es visitado por muchas personas del interior del país y extranjeros, a rendir las gracias al Niño de Atocha por favores recibidos.

A las afueras del Santuario, se encuentra una pequeña ermita con la imagen del Santo Niño de Atocha, lugar donde los peregrinos llegan a saludar al Niño e inclusive también aquí dejan sus ofrendas florales y adornos.

La “Octava en honor al Santo Niño de Atocha”, se efectúa después de Semana Santa en la cual, durante la semana se ofrecen misas en su honor, culminando el domingo, cantándole por la mañana las alegres “mañanitas”; por la mañana celebración de misas  y por la tarde una procesión, recorriendo las calles de la ciudad con la imagen del Santo Niño de Atocha, se acostumbra  que los niños se visten como el niño de Atocha para acompañar dicha procesión.

Cada domingo, la Parroquia San Pedro Apóstol utiliza este Santuario para la celebración de misas ofrecidas por los peregrinos. Así también es utilizado para grandes eventos, debido al terreno existente fuera de la Iglesia, se acostumbra a realizar en este lugar el tradicional Turno, en donde se recolectan fondos para la reconstrucción y mejoramiento de los Templos de la parroquia. En ocasiones es sede para eventos parroquiales y/o vicariales.

El Santo Niño de Atocha espera con amor y gratitud a cada uno de sus peregrinos. Ven y visítalo